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Le ruego que me lea…

Si Mahoma no va a la montaña…

Pues que le ruegue su puta cola cagada a Mahoma

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Que en otras palabras sería esa manía que tiene la gente por rogar. Sobre todo al final de una relación amorosa.

He tenido la desdicha de presenciar como varias de mis amigas han tenido varias dificultades y rupturas amorosas últimamente, de esas rupturas gachas que llevan una tercera en discordia y de las que, viéndolo fríamente es mejor huir que quedarse en ellas.

Lo más raro de todo, es que entiendo perfectamente su dolor y sus sentimientos (ya saben a mí también me pusieron el cuerno y también tuve un rompimiento muy gachito y así) entiendo el pinche miedo que da cuando ves que la ruptura es inevitable, el dolor tan grande que sientes al perder a una persona que realmente amaste y todas esas cosas que atraviesas cuando las cosas se van a la chingada, pero lo que no termino de entender es esa manía que tiene la gente de rogar. Rogar que se quede, que no se vaya, que siga a tu lado, que te de otra oportunidad, una pequeña chance de enmendar el asunto.

Esa parte donde el otro está decidido a emprender la graciosa huida y tú quieres que se dé la vuelta y te diga “está bien, vamos a intentarlo, borrón y cuenta nueva. Te amo” creo que existe en las películas cursis hollywodescas y no en la vida real. Quien tomó la firme decisión de irse de tu vida es porque ya se está acomodando (la vida y la entrepierna) en la de alguien más.

Cuando terminé con mi ex marido pensé en las mil cosas que podrían pasar y en cómo, tal vez y si los astros se alineaban y los chakras se le enderezaban podríamos volver a estar juntos. Obviamente nada de eso pasó y después de ver que él había tomado su decisión decidí que era tiempo de tomar la mía. Si ya no quería estar en mi vida, no iba yo a desvivirme y pedirle que me diera un poquito de su amor. Nunca he rogado porque creo que si te quiere y si quiere ser parte de tu vida pues nunca se va a ir. Si la persona tomó la decisión de buscar otro terreno fértil, ni aunque le bajes la pinche vía láctea se va a quedar a tu lado.

No entiendo pues como mis amigas creen que rogar sirve. Tal vez se queda por un rato, pero, como diría mi sabia madre “perro que come mierda, aunque le laves el hocico”

Creo que en las segundas, terceras, cuartas o trigésimas oportunidades, he visto varias que con el tiempo han ido acortando la distancia y reencontrado en el punto exacto para formar algo bien y creo también que el rogar te convierte en una persona triste. Y si ya se quiere ir, pues mándalo con la bendición, agradece su estadía y pues… hay más peces en el mar baby, ni que los weyes la tuvieran de oro.

…aunque bueeeeeeeeeeeee… hay uno que otro que pareciera que sí.

En fin, ya les contaré si el ruego valió o no la pena. Yo desde mi corazón de pollo apachurrado espero que de verdad mis amigas sean la excepción que confirme la regla y todo marche viento en popa. Habrá que esperar.

 

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