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Aceptación

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Cuando era niña y durante mi adolescencia mi cuerpo y yo éramos una batalla constante. Nunca fui como el estereotipo de niña-adolescente normal. A los 12 años ya me había desarrollado, sobre todo de cintura para abajo y era un blanco fácil de burlas, a los 14 ya había dado ese gran salto (ya me había brincado todos los puntos en la escala tanner) y la vida era complicada.

Mis caderas mis nalgas y mis piernas siempre han sido grandes, mis senos y mis brazos también. Ni que decir de mi “graaaaaan” boca o de mis dientes. En resumen todo en mi tiende a ser grande, hasta los insultos.
Tuve miles de apodos que hacían referencia a mis nalgas, se burlaban de mis labios grandes o de mi boca que parecía no tener fin. Y siempre terminaba ocultando todo eso, tratando de no ser ese objeto de burla.

Imaginaran entonces que durante esa tierna y bella época de la adolescencia y juventud mis hormonas y las constantes burlas hacia cualquiera de mis grandes atributos me causaban un terror inmenso y una imagen propia bastante fea. No cabe aquí discutir todo lo que hice para disimular o como hice las más absurdas estupideces para revertirlas.

Pero fue justo cuando conocí a mi ex marido que eso cambió. Mi imagen corporal actual y mi amor hacia mi cuerpo son cosas que en gran medida, tengo gracias a él. Que alguien elogie algo que no te gusta pues, siempre ayuda. Y no, no todo lo que puedo decir sobre él es malo, su paso dejó cosas que siempre le agradeceré. Esa de los elogios por ejemplo.

He aprendido que mis nalgas nunca van a caber en una talla cero, que mis piernas jamás van a ser largas y estilizadas y que mis caderas se opondrán siempre a pasar por un pantalón pequeño. Y ahora que mi cabello pasó a mejor vida ha quedado muy en descubierto que si antes mi boca se veía grande, ahora ni duda deja de que es grande, mis dientes bastante prominentes y nada proporcionados al resto de la cara. Pero los amo, amo mis caderas, mis nalgas, soy feliz con mis piernas blancas y gordas, muchos quisieran mi boca (bueno, al menos encontré un uso útil ¿no?) en esa parte donde se la están imaginando ahorita.

En esta parte de mi vida y a mis 31 años disfruto mucho de mi cuerpo, lo acepto y soy feliz. Hace poco termine de aceptar mi cara, nada bonita, nada angelical, nada que merezca una portada de revista pero sí mía, con sus defectos pero al descubierto. Y ahora rapada todos mis defectos salen a la luz y me encantan. Encuentro fascinante reconocerme sin tanta gracia, sin tanto cabello y sin pretensiones. Sin gustarle a nadie más que a mí.

Me encuentro bella, no por fuera, si no por dentro. Y feliz. Con todo y todo, soy muy feliz.

Me costó 31 años llegar a aceptarme y darme cuenta que todo lo que tengo, lleno de imperfecciones es perfecto para mí.

Y tal vez no le guste a muchos pero eso me importa 3 pitos de Mandingo (oooooooooooh sí, pitos de Mandingo… ooohh sí DIGO NADA)

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2 comentarios el “Aceptación

  1. Te dire con mi 100% de honestidad: amo tu bocaza! Su forma, sus dientes y las barbaridades que de ella emanan…

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