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Flaquito…

Te conocí un día de enero…

Días antes de tu cumpleaños, la internet nos juntó en esas formas azarosas que tiene. Y fue por un blog precisamente.

La amistad creció y fuimos algo como “cybernovios” pero claro que la vida real te marca que esas cosas pendejas no funcionan. Aun así, fue divertido, era la primera “relación” que tenía de ese modo.

Siempre estuvimos pendientes de nuestras vidas, siempre creímos que podríamos ser la pareja de salvación cuando llegáramos a los temidos cuarentas y no nos casáramos.

Yo me casé y tú (creo yo) te inventaste un compromiso para no venir. Seguimos en contacto pero ya no de la manera casi diaria. Mi marido celoso me lo prohibía y tú sabías bien que la causa d que me portara así de fría era él.

Fuiste el primero en saber de mi separación, amenazaste con venir pero el trabajo (tu pinche trabajo) no te dejó. Hablábamos diario y podía sentir tu cariño a kilómetros.

Estabas al tanto de lo bueno y lo malo que me pasaba, de mis amores fugaces y te empeñabas en que te contara con lujo de detalles todas las pendejadas que habían pasado en mi visita al DF. La plática de ese día se redujo a tu “yo no sería maricón y te dejaba ir viva”

Tu pinche escritura, tus felicitaciones en mi cumpleaños, las pláticas inentendibles por el Messenger, tu llamada cada año en navidad. Tus costillitas a la BBQ que siempre me peleabas, tus pinches fantasías de jugar magic juntos y de partirme la madre en el Xbox. Todo eso me lo arrebató tu puta leucemia.

Eras uno de mis pocos amigos de años (miles de años en amistades de internet) que tenía. El único que no me criticaba por mi manera de ser, ni de sentir, mucho menos por todas las pendejadas que cometí.

Y no sabes cuantas putas te extraño, estúpido, quisiera hablar contigo y contarte todas estas nuevas aventuras, decirte que me debes una visita y que en vacaciones voy a darte lata. Me haces mucha pinche falta flaquito. Me hace falta mi amigo, mi confidente, el cabrón que diario escribía mal porque la cabeza la traía en mil cosas. Jesús Eduardo, me haces tanta falta.

Si existe el cielo, de seguro el tuyo está lleno de cosas ñoñas (porque eras un ñoño consumado) lleno de chichis y de cerveza. Si existe el cielo, de seguro seremos vecinos y podremos darnos, por fin, ese pinche abrazo que al menos aquí, no te voy a dar.

Te quiero amigo, y sé que te fuiste sabiendo que te quiero un chingo.

Pinche amorcito, te quiero mucho.

Adiós.

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