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No nena, así no.

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“Entiéndelo nena, nunca vas a volver a amar con tanta intensidad, nunca volverás a sentir lo que sentiste a los 21. Ya eres vieja y para el amor se necesita a chispa de la juventud. Esa que te hace enamorarte como idiota a primera vista y que te marea tanto que terminas vomitando las mariposas y los malos recuerdos. No muñeca, no quieras seguir viviendo ese cuento de hadas. Ya tuviste el tuyo y se arruinó. En esta vida no hay segundas oportunidades ni reembolsos. Se vive y ya. Se muere y ya, nadie cobra el seguro de un corazón roto porque saben que viene de una cuenta sin fondos.”

Ella miraba sin poner atención y digería las palabras, una a una, clavándolas en su esternón, grabándolas en su mente para que nunca se le olvidara que no iba a tener amor. Nunca, jamás iba a sentir todo eso que sintió cuando lo conoció hace unos ¿10 años? Fueron tantos y tan lejanos que ya no recuerda el número exacto; pero puede describir a la perfección ese momento en el que lo vio. Todo parecía irreal. Así como todo lo que sentía por él en esos momentos: irreal, extraño, aterrador, fugaz.

Nunca advirtió que en días su vida daría tantos vuelcos, se voltearía de cabeza y se sacudiría con tal fuerza que todo quedaría destruido. Nunca lo imaginó porque siempre vivió en ese cuento irreal donde las princesas y los príncipes viven felices para siempre. Nunca se le ocurrió pensar que ella iba a formar parte de de esa estadística de divorcios, de separación, de desastres post maritales, de desamores, de engaños.

“Eres joven y guapa y tienes una vida por delante. De seguro va a llegar alguien que se quede”  Que se quede después de ver todas mis cicatrices y que no le asuste mi mal carácter pensaba. Pero había algo en esa verdad a medias. Era joven. Lo de guapa nunca ha sido una verdad, pero lo de joven sí. A sus casi 30 años tenía todavía un buen pedazo de vida por delante. Tal vez podría volver a amar y a aguantar que le rompieran el corazón y las esperanzas un par de veces más. Pero hasta en ese pensamiento había miedo, miedo a cerrar tanto el corazón, a dejar de amar que cuando quisiera, ya no pudiera hacerlo. Miedo a encerrarse en ese miedo de salir lastimada, a ese miedo que la consumía y la ponía a pensar más que a sentir.

“El músculo que no se usa se atrofia y el corazón como buen músculo se te puede atrofiar y dejar de funcionar” Lo que siempre repetía su madre, con esa verborrea sabia y llena de agujas que le perforaban. Su miedo más grande, dejar que su corazón muriera, que se volviera tan flácido, tan laxo que no pudiera echarlo a andar una vez más. Pero, tener un corazón lleno de cicatrices tampoco es algo alentador y su debate era entre guardarlo o dejarlo ir. Al final entendió que el corazón se manda solo y que él decidiría caer una y mil veces más caer en el amor.

“Amo de manera pasional porque soy pasión; en mi vida no hay medios sentimientos, no te medio odio ni te medio quiero. Es algo completo. Mi amor es poco racional, es un idiota en un mundo de bobos, es dinero en mundo de gandallas, es un ciego en un país de tuertos. Es así, un pendejo. Mi amor es incondicional, es basto, te llena, te atrae, te completa, te mata, te asfixia, te absorbe y no te deja ir, abarca todo, lo pinta todo, lo daña todo. Mi amor es así y no puedo controlarlo. Te ama con pasión un día y te odia con la misma pasión a los minutos. Mi corazón te guarda tu espacio y si entras, debes de ser un culero para salir de él.

No puedo amar tantito, ni poquito, ni decir que te quiero un poquito. No puedo dejar de agradecerte cuando el corazón se me desborda por tu cariño. Y no me importa que me quieras poco o mucho, no me importa que me correspondas o no, no me importa que me ames o que me odies. Yo amo y eso es lo único que importa”

Después de eso, después de hablar al tu por tu con su corazón se dio cuenta que los dos eran iguales, que eran dos entes que se entregaban por completo, dos descerebrados pasionales, dos entes que no se podían encerrar ni poner obstáculos.

Ella sabía que siempre iba a levantarse y amar otra vez. No podía encerrar sus sentimientos. Estaba consciente de que le iban a romper el corazón y que se iba a llenar de cicatrices. Pero lo aceptaba, al final de cuentas le encantaba enamorarse perdidamente de todo. Ese era su vicio, el amor.

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