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Me gustas

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Te dije que me gustas y es verdad. Y claro, yo también tengo miedo, mientras te lo decía veía aparecer entre sombras todas los miedos, las tristezas, las veces que puse el corazón en algo y no se logró, los tipos que sólo querían acostarse conmigo. Todo eso surgió mientras te lo decía y vaya yo sé que no es fácil admitir una cosa así y menos hacer ese tipo de declaraciones, sobre todo cuando los demonios que creías escondidos salen a la luz.

Soy así, te lo dije y no me arrepiento, ni del acto, ni de mostrarme vulnerable y mucho menos de la cruda al día siguiente; moral y física duelen y atacan a la mente por igual. Pero ¿negarlo? No cariño, esa no es mi tipo de reacción, negarlo es esconderme y decir que no me gustas desde hace tiempo, que no pienso en ti a cada rato, que bendigo el día en que decidir dejarlo todo y hablar contigo, recuperarte, volver a tenerte en mi vida.

 

Pero ¿qué puedo hacer con los sentimientos? No decirlos sería desperdiciar la poca conciencia que me queda a esta hora, sería matar por vez mil la ilusión, ahogarla en un trago de cerveza y decir que no me importas, que tus idas y vueltas en mi vida no han significado nada, que no espero noche a noche pacientemente un mensaje tuyo, que me dibujas la sonrisa con tu “hola” y me amargan tus despedidas fugaces, tus silencios eternos, tus intermitentes conversaciones. Que me enoja el que no me hables, el no saber de ti, el que me ignores como, de seguro, lo haces con tantas.

Yo se que tu no sientes lo mismo por mi y lo veo válido y lógico, yo soy siempre la loca que sueña despierta, que habla contigo cuando no estás, que crea conversaciones con tus recuerdos, que despierta pensando en lo bueno que sería despertar junto a ti, que sueña con probarte, con conocer tu olor, el sabor de tus besos, la sensación de pasar los dedos por tu cabello y despeinarlo o de tomarlo fuerte mientras me haces el amor. De volverte mi droga, mi adicción, mi primer y último deseo.

Y estoy consciente de que eso es un sueño mío y sólo mío, burdas banalidades con las que sueño. Pero vamos, sí a ti no te hacen daño ¿me dejas soñar un poquito con tu lengua pasando por mi cuello, por tus manos recorriendo mi espalda, por tus dientes mordiendo mis hombros?

Sí a ti no te molesta, yo sigo soñando despierta, total, se que lo nuestro es más que mi mera imaginación jugándome un buen día.

 

A tí, porque ya sabes, no te lo puedo decir de frente. Soy una maricona

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