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El buen sexo

“El buen sexo es como aprender a comer, de pequeño lo devoras sólo para satisfacer tu estómago pero de grande, aprendes a disfrutar los sabores y matices de cada bocado que das, porque sabes que de chingadazo nada sabe bien”

(El oso de los desvelos)

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La carne está marinada con caricias y manos inquietas que le aplican sabor, color, olor y textura.

La plancha está puesta, caliente, en su punto, lista para unir y sellar esa carne, los líquidos que hay en ella empiezan a derramarse con el primer contacto. Hierve, chilla y grita al contacto con el fuego. No hay que esperar mucho para que aparezcan los olores, el color cambia, la textura se va fundiendo, la carne chilla más fuerte, el calor se hace más intenso, la carne se carameliza y sus jugos brotan desde lo profundo de ella.

Se voltea y el juego con el fuego empieza otra vez. Hay que estar ahí para oír bien los gemidos y los gritos que el calor le provoca, las manos inquietas y los ojos inquisidores no le hacen mella, ella está tan caliente, tan provocativa, tan húmeda que termina su cocción en una forma repentina y rápida.

Sale del fuego humeando, chorreando y jadeando. Un buen fin para la carne que será marinada y devorada lentamente.

El comensal ataca, no es nuevo y sabe que es un platillo que debe de ser disfrutado lentamente, cortado en pequeñas porciones para saborearlo, para dejar que cada uno de los fluidos y los sabores despierten a las adormecidas papilas de la lengua. Esa lengua que recorre cada bocado con la maestría de un buen conocedor. Es ahora donde el invitado se funde con el plato, gime en cada bocado y disfruta del placer que le causa el comerla.

El vino los acompaña, marida a la perfección y hace de esa carne un plato aún más delicioso, cortando con sus taninos la grasa de la carne que no se salió, la que se doró y cruje ante los dientes voraces.

La carne se rendirá ante el paladar del gourmand y disfrutará cada una de las mordidas, de los arrebatos que causa en el fiel devorador. Ella sabe que al final los dos disfrutarán y encontrarán el placer, al final, no quedará nada más que la satisfacción de haberse conocido, disfrutado y comido.

Porque la finalidad es llenar la barriga, aunque, acá entre nos, también se llenará el corazón.

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