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Salón Veracruz

Viernes de quincena

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El congal está hasta la madre, todos salen a gastar sus dineritos en mujeres cariñosas. Hay de todo, es un mar de gente y todos se reúnen ahí con un fin: sacar en la pista de baile su frustración.

Él llega en ese Impala que apantalla. Todos se dan la vuelta para verlo y los del ballet se pelean por ser el que le reciba las llaves. De traje blanco, zapato de charol brilloso, 3 anillos de oro en las manos que tienen las fechas de sus victorias y su colonia son su arma de seducción. “Miles de cariñosas han abierto las piernas de a gratis ante esto” su mantra de cada viernes

No necesita hacer fila, de hecho no necesita ni pagar; el campeón nacional de danzón no paga ni un solo peso por entrar en el Veracruz

Se siente el dueño del lugar, todos lo conocen o lo reconocen y lo saludan. Se ha cogido a las más bonitas y a las feas del lugar, no es guapo y ni necesita serlo, ellas caen redonditas cuando las agarra de la cintura con esa fuerza y las guía por la pista de baile.

Hoy tiene ganas de bailar, no le hace el ánimo conquistar a alguna mujer. Ha tenido suficientes desamores y mujeres en sus brazos como para no asombrarse con ninguna. Hoy solo quiere bailar y soñar que es completamente feliz, quiere imaginarse que la cariñosa en turno es el amor de su vida y que por fin alguien va a quererlo por lo que es, un simple jefe de meseros con amor por bailar.

Mientras se dirige a la pista la ve, el ambiente huele a colonia barata y sudor de días, el cigarro hace una penumbra que dispersa las luces del lugar. Ella está sentada con su prima, le gusta el baile pero no el lugar, ha rechazado 3 propuestas para ir a la pista porque los encuentra feos, mugrosos y pobres. No es la más bonita pero sí decente. El pedigree se le nota, ésta es de otra especie.

Primer compás: La invita a bailar, ella lo rechaza por feo. Ni pedo, habrá que ir por otro traguito campechano para aguantar el batazo.

Desde su mesa la ve, no es la flor más bella del ejido, pero la cabrona tiene algo que lo engatuzó, ¿habrá sido el batazo seguido por una barrida y un desaire?

-Ay mujer, ni hablar, habrá que buscarse a otra que sí le entre.

Baila “Noches de Mazatlán” con la primera que se le colgó del cuello mientras la ve de reojo, se le nota que está incomoda.

Segundo compás: el ron Don Pedro le dio valor para volver y ante la insistencia y con ganas de bailar  “Musita” le da la mano y deja que la guie por la pista de baile.

Hablan de lo cotidiano, del trabajo, de la música, del danzón. Ella no creé que ese hombre sea campeón, no creé ninguna de sus palabras y piensa que las usa siempre para encamarse con cualquiera que baile con él, como la golfa que traía del cuello hace rato. Se siente celosa, incómoda ante ese sentimiento ¿por qué sentir celos de alguien que no le importa? Pinches gatas, pinche cabrón, pinches sentimientos, pinche yo.

La toma de la cintura y le da vueltas en la pista, por un momento sus preocupaciones desaparecen, se ve a ella como la reina, la triunfadora, la campeona colgada del brazo del campeón. Se da cuenta que esas manos que sostienen su cintura tienen experiencia, tienen sensualidad, son de un hombre de verdad no de niño pendejo como su ex novio.

Se van a la mesa juntos, se toman unas cubas y siguen platicando. Entre el cigarro, el sudor y el puto olor a colonia 7 machos se van conociendo. Ella podría obviar su tez morena, su mal gusto para vestir, sus anillos que le dan aire de padrote, su peinado con wildroot, su colonia barata. Podría pasarlo por alto, porque el amor es apendejante, el enamoramiento cambia mágicamente las cosas y ella esa noche se estaba enamorando de ese tipo que encaja perfectamente en el perfil de lo que nunca le ha gustado. Podría hacer una excepción y dejarse guiar por esas manos hábiles, por ese hombre que tiene un algo, un algo que la vuelve loca canción a canción.

¿En la cama sus manos la guiarán como en la pista? Esta noche lo sabrá. Esa noche, ella se va con el rey.

No hay más compases, ellos siguen bailando. Ella se deja guiar por él.

Él por fin sueña y no le suelta la mano.

Y cada que cuente su historia termina diciendo “sólo me bastó un danzón para conquistarla”

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