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Cómo quisiera decirte…

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La brisa pega en su rostro, tiene un sabor conocido, familiar, nostálgico. La cerveza fría suda al contacto con ella.

Una y otra vez ha oído la canción, forzando a la vieja grabadora a que la toque una y otra vez. Desde hace rato dejó de importarle la letra, ahora solo ve imágenes pasadas.

El oleaje le es familiar, de niño siempre se dormía arrullado con ella. No era mar, era un simple lago que también se ceñía a los caprichos de la luna. Las olas le recuerdan a su infancia, y la infancia siempre lo lleva a pensar en “ella”

…para quitarme del pecho, esto que me va oprimiendo…

El cliché típico, enamorarse de la vecina, de la niña que nunca te hace caso, de la que te ve como su amigo y nada más. No poderle decir nada por miedo, por ese miedo que carcome y que mata al corazón. La última vez que se vieron ella ni lo recordó, él podía citar de memoria el día que ella le dijo que lo quería, podía describir el olor de su piel; vainilla y sal, un olor siempre tatuado en la memoria, su blusa rosa y su short. Él sí la recordaba, lo hacía cada vez que volvía a ese lugar, orilla de la laguna donde jugaban a pescar y buscar tesoros.

Ella se casó con el que más le convenía, él buscó a alguien que lo quisiera, ¿la amaba? Si, creía que sí, pero no tanto como a ella, al fantasma de ella, a la idea de ella, a la fantasía.

Da otro trago a la cerveza, va a la mitad. Solo, ebrio y lleno de recuerdos se plantea por vez mil los hubieras. Fantasea con las ideas que siempre lo han atormentado: la familia feliz, la casa donde siempre estuviera ella cuando él llegara, el perro, la vida a la orilla del lago, la felicidad.

… que de sentirte tan lejos de a poco me voy muriendo…

El mar violento forma olas inmensas, blancas paredes que chocan con la playa, baña todo, destruye todo, se limpia. Va sacando todo lo que no le corresponde, él camina a la luz de la luna al encuentro con el mar. Las olas, la basura, la arena no lo detiene, lo bañan, no lo detienen, se interna cada vez más, cada vez con más trabajos, pero sigue, está decidido, nada lo va a detener, esta vez, no tiene miedo, ya no le importa nada… El mar se vuelve más vehemente, baña todo, no hay espacio que no esté lleno de agua salada. En la palapa la mesa y la silla se bañan también, solo se salva la cerveza y la grabadora (ella sigue tocando la canción)

Amanece, la playa denota los estragos de la noche anterior. Ahora todo está en calma, en la palapa todo está tranquilo, la cerveza ya no suda, está caliente, la mesa resistió, la silla está a media playa… la música continua.

…que quiero que estés conmigo como en un final de cuento, cómo quisiera decirte, decirte cuanto te quiero
Cómo quisieras decirte
Decirte cuanto te quiero…

(dedicado a ti, mi confesor…)

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