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Erase una vez…

No soy afecta a hablar de mis relaciones pasadas, o de mis pretendientes del pasado. Pero hoy algo trajo a mi un recuerdo. En su tiempo tuvo un sabor  amargo, pero ahora lo recuerdo y me causa mucha risa.

Conocí al Kint por internet, ya sabes, una sala de chat o algo así. Empezamos a platicar y congeniamos. Nos dimos nuestros msn y seguimos conociendonos.

En una de tantas pláticas le dije que tenía ganas de ir a un restaurant de comida china por que cuando pasaba por ahí me daban ganas de sentarme a comer. Él, quedando bien me invitó a comer. Yo, picada por la curiosidad de ver si en vivo era tan agradable como en MSN acepté.

Toda mujer que se precie de serlo entenderá que para conocer al que pudiera ser el siguiente “amor de su vida en turno” hay que arreglarse bien. Y yo, que vanidosa no soy (ni sarcástica) me empeñé en mi arreglo personal.
Estuve en hora y lugar pactados para conocer a aquella  persona.

Y si, apareció, bastante chaparrón, con una playera que bien podría haber usado alguien más alto y más gordo; con una mochila que parecía pasada por un charco de agua puerca, despeinado y sudoroso. Mi impresión no fue la mejor.

A pesar de las primeras impresiones, decidí no excusarme y seguir con la cita, nos saludamos y empezamos a caminar hacia el restaurant. Cuando llegamos, dijo que el lugar era bastante “nice” y que él no iba vestido como para entrar ahi, que se iba a sentir fuera de lugar y que proponía ir a otro lugar más relajado. Y es que el lugar si bien no es  el más caro de la ciudad, si está en una zona de gente adinerada y la limpieza y pulcritud no iban con el outfit demasiado relax de mi acompañante.

Más a fuerzas que de ganas acepté cambiar el lugar, él sugirió ir a un Burger King, osease ir del cielo a algo más terrenal. Yo, con una rabieta interna que trataba de disimular por compromiso, acepté y nos fuimos caminando unas 7 u 8 largas cuadras entre carros, gente y sol. Adios al glamour para el que me había preparado. Hola comida rápida y acartonada.

El olor de comida-de-carton-donde-lo-más-natural-es-el-plástico-del-sobrecito-de-ketchup terminó por fulminar mi apetito. Llegamos a la caja y le dije que ordenara, yo estaba viendo algo que se me pudiera antojar. Él pidió un sandwich o torta y un refresco chico, yo seguía indecisa. Le tocó pagar su orden y empezó a sacar de su cochinero de mochila un monton de moneditas. Pesos, cincuenta y hasta diez centavos utilizó para pagar un total como de 40 pesos. Cuando terminó de contar el dinero me confesó que esos centavos era lo que había guardado del dinero que su mamá le daba todos los días para comprar su desayuno en la escuela. El comentario me fulminó junto con la cita y la posibilidad de una relación futura (que en ese momento era practicamente inexistente) pedí un refresco y nada más. Él se alegró, si hubiera pedido algo más caro, habría sacado su reserva de dinero y no hubiera comido en lo que restaba de la semana.

Vi como comia, o casi casi deboraba el sandwich, a la vez que me ofrecía abriendo la boca mientras tenia comida en ella. Yo quería correr y no verlo jamás, pero una dama jamas da espectáculo público. Me quede paciente esperando a que terminara mientras explicaba una y otra vez que el calor me quitaba el hambre (si… claro… eso y la compañia, la comida rápida y la suciedad)

Terminó y yo sentía la luz al final del tunel, terminaba su comida y nuestra salida. Hice el típico comentario de que ya era noche y yo tenia que irme, por que andaba lejos de mi casa. Me acompañó hasta la parada del camión y mientras esperabamos trató de que le diera un beso. Eso nunca sucedió. Yo por millonésima vez ese día saque una excusa express y le dije que venía mi camión. Me subí en el primero que llego, que para mi suerte era el que yo esperaba y lo dejé ahi, con su ropa gigante, su mochila sucia, su pelo grasiento, su gusto por la comida rápida y sus dientes sucios y chuecos.

A esa invitación le sucedieron otras hasta que el muchacho cayó en cuenta de que no ibamos a llegar a ningun lado. Empezamos a perder contacto y hoy ya hasta lo borré de mi MSN.

No es que yo sea elitista o demasiado sangrona con las personas que salgo. Pero si yo me esfuerzo en algo, espero que sea reciproco. Y que no pague su comida como si hubiera roto su alcancía.

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El argumento que rompió la amistad entre él y yo fue el que me dijera que tenía una larga lista de hombres a los que había besado y que era practicamente imposible que él no fuera a entrar a esa lista. Yo respondí que eran cientos de hombres en esa lista, pero que todos ellos eran mil veces más atractivos y bien parecidos que él.

La lista de besos no es tan larga, unos cuantos la integran, pero eso si, cada uno tuvo que esforzarse por entrar.

La lista llega hasta hoy, con Mr. Vixen como dueño absoluto del terreno.

¿Cómo la ves?

Adios

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