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La de 16

Hace 16 años tenía 16 años.

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Hace 16 años estaba en la preparatoria y pensaba que a los 20 iba a tener la vida resuelta.

A los 16 años soñaba con que a los 30 estaría casada y tal vez con hijos

Imaginaba mi vida llena de romances fugaces, de amores imposibles, de caballeros en corceles blancos que me venían a rescatar y en grandes aventuras en nombre del amor.

A los 16 iba a mis clases de cocina y apenas hacía mis primeros pasteles pero desde ese momento imaginaba que en algún punto iba a realizar pasteles para vender y que iba a tener éxito

A mis 16 primaveras vivía enamorada de un ex alumno de mi papá (que después de mi divorcio lo re encontré solo para darme cuenta que era un niño con muchas ganas de ser querido) ese fue mi amor imposible.

A mis 16 años imaginaba que a mis 32 mi vida sería completamente diferente a lo que es hoy.

A mis 32 soy profesora cosa que juré jamás haría pues odiaba dar clases.

Tengo 1 divorcio a cuestas, varias relaciones fallidas, amores fugaces e historias bastante divertidas con hombres muy diferentes a ese caballero con el que soñaba. Y hoy tengo una relación con un hombre que es exactamente lo opuesto a lo que esperaba. Y me encanta, amo todo eso que tengo con él y que jamás planeé

No, nunca llegó nadie a rescatarme y nunca lo necesité.

No soy gastrónoma, soy nutrióloga y doy clases de cocina. No tengo mi pastelería pero sigo con ese sueño y tal vez está llegando el tiempo de cumplirlo.

 

Hace 16 años era una persona muy diferente a la que soy ahora. Hoy me gusto mucho más.

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Tal vez todo lo que soñaba no se realizó porque era eso, todo lo que quería y a veces es mejor no obtener lo que quieres, pues te hace adaptarte a todo lo que llega en tu vida.

Hoy no me arrepiento de nada. Ni siquiera de lo que juré y no hacer y terminé haciendo o de todo aquello que prometí que haría y no cumplí.

No cabe duda que soy la vuelta de la tortilla a esa niña con corte de cabello de niño, botas industriales y pantalones anchos que era. Al menos ahora parezco más mujercita. *Risa interna

¿Dónde estaré dentro de 16 años?

¿mi yo de 48 años tendrá una vida más divertida que la mía?

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La fidelidad

 

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“Prometo no amarte eternamente, ni serte fiel hasta la muerte, ni caminar tomados de la mano, ni colmarte de rosas, ni besarte apasionadamente siempre.

Juro que habrá tristezas, habrá problemas y discusiones y miraré a otras mujeres vos mirarás a otros hombres. Juro que no eres mi todo ni mi cielo, ni mi única razón de vivir, aunque te extraño a veces.

Prometo no desearte siempre a veces me cansaré de tu sexo vos te cansarás del mío y tu cabello en algunas ocasiones se hará fastidioso en mi cara.

Juro que habrá momentos en que sentiremos un odio mutuo, desearemos terminar todo y quizás lo terminaremos, mas te digo que amaremos construiremos, compartiremos.

¿Ahora si podrás creerme que te amo?”

— Raúl Gómez Jattin

 

No creo en la fidelidad eterna, Ni creo tampoco en que puedas amar a una persona con la misma intensidad durante toda la vida. TODA, todita toda se me hace mucho. A pesar de eso nunca he sido infiel (teniendo en cuenta lo de infiel como esa idea de mantener una relación amorosa con dos o más personas a la vez)

El concepto de fidelidad e infidelidad me parecen difíciles de definir. Si somos muy estrictos, el pensar en Jason Momoa mientras estás paseando de la mano con tu pareja podría ser una infidelidad, también el voltear y ver las nalgas de una morra e imaginarla desnuda sería una infidelidad. No se diga el intercambiar mensajes, besos, palabras o hasta fotos por mensajes o redes sociales. Pero claro, hay de conceptos a conceptos. Y si nos basamos en eso nel, nunca he sido fiel porque hay momentos donde sí he pensado en alguien más cuando estoy con otra persona.

Creo que todos hemos fantaseado con alguien porque bueno, es como esta cosa normal de la vida ¿no? Pero creo también que eso te puede ayudar a mejorar la relación con una pareja o hasta a elevar el deseo en el objeto de tus afectos. Pero creo también que hay niveles. No es lo mismo ver fotos de Superman sin camisa a mandarle una foto de tus partes pudendas a una persona.

Y en ese sentido no tan estricto de la fidelidad podría decir que jamás le he sido infiel a alguna de mis parejas. Ni siquiera a mis free o a los amigos con derechos e izquierdos. No sé si es por mi educación tan católica que me causa cargo de conciencia o por un dejo de honradez en mi mente pero nunca he podido hacerlo. Ganas, deseos y gente no me ha faltado (aunque bueno, tampoco es que levante pasiones por doquier) pero siempre hay algo que me lo impide. Nómbrenle como quieran pero a mí eso de andar besando otras bocas y mintiendo no se me da nada bien.

Ahora de grande (adulto contemporáneo dicen los mamones) he tomado más conciencia sobre eso. Obvio después de vivir todo ese asunto de infidelidad en mi relación pasada aprendí lo gacho que se siente encontrar que el objeto de tu afecto se anda repegando sus cosas con otra persona y más gacho aún es sentir que la persona que falsamente creías tuya, como si uno fuera pertenencia de otra sólo por casarse, ahora quiere a alguien y ese alguien obviamente no eres tú.

No me doy baños de pureza y no intento que esto sea como un escrito donde diga que soy mejor que los que engañan. Es simplemente que me resulta difícil de pensar en hacer una vida con dos personas a la vez y que eso te cause una felicidad. Mentir, engañar, chantajear, vivir una doble vida siempre cuidándote de que no te descubran, creo que eso no es la forma en la que me gustaría llevar mi vida. Eso me daría harta huevita

Respeto y hasta admiro a las personas que lo hacen de manera tan natural y hasta se divierten. Conozco un par de casos donde hasta fingen toda una relación para no hacer sentir mal a su pareja (mentira pendeja) y son los novios o maridos modelos. Mientras se tiran a un sinnúmero de personas a espaldas de la persona que dicen amar. Eso, sí es ser actores profesionales donde Leonardo di Caprio les queda pero si super cortito con todo y oso de Revenant.

Nunca entenderé cómo le hacen o que tanto pueden ser felices, lo respeto porque cada quien hace de sus genitales y su mente un papalote pero yo, definitivamente no podría.

 

Y creo sinceramente que cuando ya no estás agusto con alguien el primer paso es platicarlo y ser sinceros (sí, para eso se necesitan haaaaaaartos huevos) y si las cosas no funcionan, dejar todo por la paz y buscarle en otro lado. Al final de cuentas creo que eso es lo más saludable.

 

Y yo tan en pro de la salud que soy.

 

Así que antes de poner los cuernos, agarrese sus tanatitos y diga las cosas como son, igual y en una de esas le pega el chicle y hasta tríos o bacanales anda haciendo.

 

Y pues, ¡Salud!

 

Pd. Esta idea fue la inspiración de esa plática sobre perdonar infidelidades. Creo que fue la plática más larga y extensa que he tenido con 2 de mis compañeras de trabajo sin que se tocara el sexo.

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La pareja perfecta

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Últimamente esas relaciones perfectas de parejas perfectas, hechas el uno para el otro, de concurso, las aspiracionales, las ideales o las de foto de portarretrato que había en mi círculo (muy limitado de amistades he de decirlo) se han estado separando.

No sé si es el agua o hay algo en el ambiente o tal vez el mismo dengue que ha enfermado a tantos esté enfermando a esas parejas. Todas han sido por infidelidades. O bueno, casi todas (ya saben, el otro es un santo hasta que la mujer no le encuentra fotos de chichis, penes, vaginas o nalgas a su significant other en el celular)

Yo tuve a mi “pareja ideal” y durante mucho tiempo éramos así como la “pareja perfecta” y la relación ideal. Nos apoyábamos en todo, íbamos amueganados a todos lados, salíamos a todos lados juntos y parecía que el cuento de hadas iba con un vivieron felices para siempre. El desenlace ya muchos de ustedes lo conocen. La princesa (bueno, medio bato) se da cuenta que su príncipe azul anda machucándose o al menos intentando machucarse a una pinche chilanga horrorosa. Obvio tenía que decir que era horrorosa porque pues, no puedo decir que era la más bella flor del ejido.

A partir de ahí me cayó el veinte de buscar al hombre menos indicado, a ver si eso era lo que funcionaba. Después de búsquedas me he dado cuenta que el hombre perfecto o imperfecto no existe. Ni las medias naranjas, los príncipes en diversas tonalidades de pantone o la pareja idea. Existen hombres, existen mujeres y la cosa es encontrar el gusto por convivir con la persona tal cual es. Sin cambiar a la fuerza nada, sin esperar grandes cosas de ella y sobre todo aprendiendo a vivir con esa persona llena de defectos, con grandes virtudes (porque si no tiene virtudes pues qué chingadas nalgas madres haces ahí cabrón?) y creo que la cosa aquí es ser consciente de que la persona es así y la quieres por lo que es o no la quieres y punto.

La gente o las cosas no cambian a menos de que todos quieran. Y sí, sí se puede cambiar. Eso me lo ha enseñado el budismo. No puedes permanecer en la misma idea durante mucho porque te mueres. Y tampoco puedes vivir en el pasado o en el futuro. Ya no eres el de ayer, ni sabes cómo putas madres vas a ser mañana. Lo que importa, como diría el sabio Fox es el hoy, hoy, hoy.

Y creo que mis parejas ideales valieron pito por eso. Nunca se preocuparon por vivir en el hoy porque estaban pensando en el ayer o en el mañana. Estaban más preocupados por ganar, por tener más, por cumplir con cosas que con darse cuenta de la persona que tenían a su lado. Y lo digo por experiencia, a veces estás tan concentrado en no fallar en pendejadas que igual y ni importan porque nadie las va a valorar que en darte cuenta de que la persona que tienes a tu lado es la chida y tu aca, comiendo cagada y dejándote llevar por pura pendejada.

 

Entonces en mi caso ya no busco a mi pareja ideal. La neta no quiero ser una de esas parejas de portada de catálogo ni nada. No busco perfección, simplemente creo que busco a alguien con quien los días sean más llevaderos, a alguien con quien cagarte de risa por pendejadas o con quien acurrucarte para ver netflix mientras te atragantas de palomitas como si no hubiera un mañana. Ya tuve a mi “pareja ideal” y resultó la peor decepción. Creo que ahora solo busco a alguien a quien querer

Y claro, que me quiera

Bueno, con que me aguante con SPM tengo.

 

Y que quiera a mis gatos

… y que me dé de besitos

Y me acaricie la espalda así super tierno

…mientras me da besitos en la mejilla y yo hago lo mismo

 

Ay sí, porque créanlo o no ( y creo que el único que me ha visto así de enamorada ha sido mi amigo Josita) sí que me sé enamorar y ser cursi y cosas así

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Mi abuelo II

Contó mi abuela:

“Íbamos a jugar cartas como todos los días en la tarde y mientras preparábamos todo se me ocurrió prender el radio, en ese momento empezó a sonar la canción de ´Cómo han pasado los años’ y él volteó y me dijo: vente vieja, vamos a bailar.

Fue la última vez que bailé con él.”

 

Considero a mi abuela una de las mujeres más afortunadas que conozco pues por 68 años conoció el amor y la compañía de alguien. Estuvo a su lado en las buenas, las malas, las jodidas y las ricas. Y ellos sí se hicieron viejos juntos.

Después de todo y en el ocaso de su vida mi abuelo todavía tenía esos detalles con ella. Una mujer sumamente afortunada. Eso amigos, no pasa todos los días

 

 

“Si parece que fue anoche, que bailamos abrazados y juramos un te quiero.

Que nos dimos por entero, y en secreto murmuramos: nada nos va a separar

Cómo han pasado los años…”

 

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Mi abuelo

Despedirse de alguien siempre es difícil pero lo es más cuando sabes que no vas a volver a verlo.

Pero, ver morir a alguien, sentir esa descarga de adrenalina de saber que tienes que correr por él y la impotencia que genera el saber que inevitablemente y por más que corras ese va a ser su momento es horrible.

Nunca había visto la muerte de cerca, siempre me tocó ver los cuerpos vestidos y arreglados en un féretro. Nunca había visto el rictus con el que alguien da sus últimos respiros: el viernes vi morir a mi abuelo.

Cada sábado religiosamente venían a comer a mi casa. Iba por ellos, los traía a la casa a comer y a veces cuando me sentía con suerte jugaba al dominó. De pasos lentos, con sus ideas, necio y mulo. Así era mi abuelo.

Fue militar y siempre vivió bajo esa idea: hacer las cosas bien, exactas, a la perfección. Amante de los libros que poco a poco fui robando. Un cocinero dedicado, como esos de antes; todo tenía que estar limpio, cortado, pelado, los sartenes debían estar en la lumbre y listos para empezar a cocinar.

Un abuelo amoroso, un hombre que iba compartiendo sus historias: buenas, malas, tristes, acongojantes, donde se salía con la suya o donde le hicieron ver su suerte. Nunca faltaban en su repertorio sus travesuras de niño, los regaños de su padre o sus aventuras dentro del ejército.

A ratos terco, a ratos huraño, otros más triste y deprimido pero siempre fuerte, siempre limpio, siempre de pie e indudablemente siempre bien vestido.

Mi abuelo me inculcó junto con mi padre el amor a la lectura. Compartiamos el gusto por Gabriel García Márquez y por Vargas Llosa. Él sabía que los libros que me diera no iban a regresar y supongo que eso fue como un pacto entre los dos. Él ya no los iba a leer y yo los iba a atesorar.

Creo que de él me viene ese amor por escribir. Recuerdo bien su facilidad para inventar historias y como lo animaba hacer eso. Al final y en sus alucinaciones soñaba con escribir un libro de todo eso que había soñado en la cama de hospital. Quizá y cuando pase el tiempo pueda recrear esa historia de ciencia ficción.

También fue mi mentor en la cocina. Recuerdo bien que a mis 12 años tuve que enfrentarme a la estufa por primera vez, siempre me guio y de vez en vez me regañaba por hacer mal las cosas. Pero al menos, nadie se puede quejar de que mi sopa de letras es mala.

En las fiestas era el que me enseñaba a bailar porque “algún día vas a tener a alguien con quien bailar y debes de disfrutar una fiesta” así que aprendí porque si no se enojaba cada vez que lo pisaba.

Le gustaba mucho que leyera en la misa, siempre la primera lectura o si el la leía, el salmo responsorial. Era un signo de gente educada eso de saber leer en público sin equivocarse. Su última lectura la hice yo.

Me quedo con su amor, con la última vez que lo vi vivo, con su mirada de felicidad y con sus palabras; me hace falta carácter.

Vivió y murió como se le dio su chingada gana. Murió exactamente en el momento que quiso: en su casa, dormido, con su familia. En paz.

Yo siempre presentí que el final estaba cerquita, a la vuelta de una cirugía, porque después de 91 años sólo te sientas a esperar una muerte digna.

Y aunque lo sabía bien, siempre duele despedir a una persona que significó y te enseñó tanto en la vida.

91 años, 68 casados con la misma mujer. 5 hijos, 10 nietos y 14 bisnietos. Una gran familia y un gran hombre. Ese fue mi abuelo.

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Acosa-mesta

Recuerdo tener como 4 años, estaba en el kínder y había un niño que siempre me seguía a todos lados. Recuerdo también que esa actitud me chocaba y que aunque mi abuelita (quien creo tenía una visión de su futura nieta foreveralone) le parecía chistoso yo lo encontraba repugnante. Era un niño gordo, alto, olía mal y tenía esa risa malvada, esa que se les hace a los niños que de seguro matan animales por mero deporte. Me chocaba cómo me veía y yo rodeaba por todos lados para no encontrármelo. Recuerdo también a ese niño de pelo chino, delgado, blanco y con una sonrisa linda. Que diferente hubiera sido si él me hubiera acosado a esa corta edad.

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El acoso es algo que me ha seguido, y antes de que crea usted que lo digo porque soy irresistible y exuberante. Creo que el acoso tiene su origen en ver a la otra persona como una víctima factible y como alguien que literal, no la va a hacer de pedo. Y yo aunque tampoco lo crea y en este punto me vale 3 hectáreas de verga lo que crea, lo soy. Recuerde que soy extremadamente callada, seria y que puedo pasar completamente desapercibida.

Cuando crecí recuerdo bien que había un niño que me peleaba, un día hasta nos hicimos de palabras y le dije con total seguridad que yo solita le partía la cara. No me gustaba (en ese momento) pero creo que, por el modo en el que me acosaba y me peleaba yo a él sí le gustaba. Hoy me arrepiento (nomás tantito) porque de grande no se puso nada despreciable.

Crecí, y en mis años mozos y juveniles sufrí algunos acosos. Recuerdo bien el del hombre que me topaba seguido y que se sentaba junto a mí en el camión para dibujar mujeres desnudas. Un día me dijo que imaginaba que era yo a la que dibujaba. Era el ser más despreciable del mundo pero nunca me pude mover del asiento. El par de veces que me lo topé decidí fingir demencia y voltear hacia otro lado. El miedo siempre me paralizó.

En la prepa sufrí cuando por azares del destino (por karma, culera) un ingeniero se enamoró de mí (o se obsesionó conmigo, vaya usted a saber)  y claro, me buscaba todos los días. Pasaba “casualmente” por mi casa a la hora que estaba haciendo la comida. Un día me encontró casual mientras cruzaba la calle y se quedó a platicar conmigo. Era la primera vez que sentía el interés de un hombre por mí (al menos de esa forma) y me asustaba mucho. Yo tendría 16 años y él de seguro unos 20. Terminé por esconderme y casi tirarme pecho tierra cuando lo veía pasar. Duró mucho tiempo haciendo guardia afuera de mi casa. Tiempo que, créalo o no coincidencias vagas, siempre comíamos algo quemado o bueno, muy tostado.

Nunca olvidaré su cara de lelo, su cabello lleno de gel que terminaba en una cola de caballo envidiable, su piel tan blanca que parecía transparente, su voz lenta, sus eternas playeras blancas con pantalones de mezclilla y esas botas de casquete que tenían suela extra, para verse más alto.

En la prepa también tuve un compañero que todos los días me decía que si quería ser su novia. Nunca supe si lo decía en serio o era sólo un juego pero la pregunta era obligada y mi respuesta era por demás tierna y conmovedora. NO. Si tan sólo hubiera sido mi amigo, ese chico moreno, de sonrisa bonita, llenito y de pelo chino el que me lo hubiera preguntado…

Siempre me ha incomodado el acoso. En primera porque nunca sé que hacer y en segunda porque creo, desde mi muy personal punto de vista y autoestima que nunca me he considerado una mujer “digna” de ser acosada.

Ahora de grande (bueno, de adulto contemporáneo) esa incomodidad al acoso sigue presente. Ya sea un alumno queriéndose pasar de listo y viéndome de reojo el escote o un tipo que usa el típico y mamón discurso de “necesito una maestra para que me enseñe” (si me dieran un peso cada vez que…)

Me pasa actualmente y por más que le doy vueltas me resulta muy desgastante aprender a manejar eso. Me incomoda, me hace sentir vulnerable y como siempre termino dándole la vuelta y escondiéndome de él. Por eso llevo una semana sin ir a la tienda de por mi casa porque simplemente me recuerda a ese niño gordo y feo que me espiaba en el kínder.

Tal vez me arme de valor y la próxima vez que vea a este tipo le diga que me deje en paz, quizá me cambie de casa y entierre mi identidad de maestra. O simplemente en un momento voy a aprender a vivir en paz con ese tipo de situaciones y a no prestarles tanta atención.

 

No lo sé, pero me decanto por la opción más pacífica.

O tal vez me consiga un novio, uno de cabello chino que me acompañe a la tienda. Pero, estoy pidiendo mucho.

 

Aunque, no está de más intentarlo ¿no quieres ser mi novio?

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Le ruego que me lea…

Si Mahoma no va a la montaña…

Pues que le ruegue su puta cola cagada a Mahoma

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Que en otras palabras sería esa manía que tiene la gente por rogar. Sobre todo al final de una relación amorosa.

He tenido la desdicha de presenciar como varias de mis amigas han tenido varias dificultades y rupturas amorosas últimamente, de esas rupturas gachas que llevan una tercera en discordia y de las que, viéndolo fríamente es mejor huir que quedarse en ellas.

Lo más raro de todo, es que entiendo perfectamente su dolor y sus sentimientos (ya saben a mí también me pusieron el cuerno y también tuve un rompimiento muy gachito y así) entiendo el pinche miedo que da cuando ves que la ruptura es inevitable, el dolor tan grande que sientes al perder a una persona que realmente amaste y todas esas cosas que atraviesas cuando las cosas se van a la chingada, pero lo que no termino de entender es esa manía que tiene la gente de rogar. Rogar que se quede, que no se vaya, que siga a tu lado, que te de otra oportunidad, una pequeña chance de enmendar el asunto.

Esa parte donde el otro está decidido a emprender la graciosa huida y tú quieres que se dé la vuelta y te diga “está bien, vamos a intentarlo, borrón y cuenta nueva. Te amo” creo que existe en las películas cursis hollywodescas y no en la vida real. Quien tomó la firme decisión de irse de tu vida es porque ya se está acomodando (la vida y la entrepierna) en la de alguien más.

Cuando terminé con mi ex marido pensé en las mil cosas que podrían pasar y en cómo, tal vez y si los astros se alineaban y los chakras se le enderezaban podríamos volver a estar juntos. Obviamente nada de eso pasó y después de ver que él había tomado su decisión decidí que era tiempo de tomar la mía. Si ya no quería estar en mi vida, no iba yo a desvivirme y pedirle que me diera un poquito de su amor. Nunca he rogado porque creo que si te quiere y si quiere ser parte de tu vida pues nunca se va a ir. Si la persona tomó la decisión de buscar otro terreno fértil, ni aunque le bajes la pinche vía láctea se va a quedar a tu lado.

No entiendo pues como mis amigas creen que rogar sirve. Tal vez se queda por un rato, pero, como diría mi sabia madre “perro que come mierda, aunque le laves el hocico”

Creo que en las segundas, terceras, cuartas o trigésimas oportunidades, he visto varias que con el tiempo han ido acortando la distancia y reencontrado en el punto exacto para formar algo bien y creo también que el rogar te convierte en una persona triste. Y si ya se quiere ir, pues mándalo con la bendición, agradece su estadía y pues… hay más peces en el mar baby, ni que los weyes la tuvieran de oro.

…aunque bueeeeeeeeeeeee… hay uno que otro que pareciera que sí.

En fin, ya les contaré si el ruego valió o no la pena. Yo desde mi corazón de pollo apachurrado espero que de verdad mis amigas sean la excepción que confirme la regla y todo marche viento en popa. Habrá que esperar.